martes, 12 de mayo de 2009

El tenis se cae a pedazos



El ambiente al interior de la llamada familia del tenis, está para cortarlo con navaja. Y es que tras la carta de protesta que enviaron los tenistas, Fernando González, Nicolás Massú y Paul Capdeville a la directiva de la Federación de Tenis de Chile, seguida de la declaración de “Mano de Piedra”, publicada en El Mercurio, la semana pasada, donde el tenista nacional manifiesta su molestia con el presidente, José Hinzpeter por hacer públicos los montos obtenidos por los jugadores en Copa Davis, sólo viene a confirmar una situación que, hace rato, viene a tropezones en la dirigencia del deporte blanco.

Todo este lío que, finalmente, reventó con la eventual renuncia del “bombardero de La Reina” a jugar Copa Davis por Chile, mientras se mantenga la actual directiva, no es más que el fiel reflejo de que las cosas no se están haciendo bien desde la cabeza, lo cual en estos casos, siempre termina generando ruido en su núcleo más cercano.

En realidad, poco importa si González renunció a jugar por su país o no, o si se publicaron cifras que estaban resguardadas bajo una cláusula de confidencialidad; el punto es que todo este escándalo se desató como una bola de nieve que viene arrastrándose desde hace mucho tiempo -digámoslo, desde que asumió la actual dirigencia- y que sigue arrasando con todo lo que puede a su paso. Conocidas son las diferencias históricas que han tenido los otrora tenistas nacionales, Jaime Fillol (actual organizador del ATP de Viña) y Hans Gildemeister (capitán de Copa Davis), y si a eso le sumamos los reclamos del primero ante la reelección de Hinzpeter al mando de la Federación, ante un eventual cuoteo de votos generado por la actual directiva, era lógico que terminara destapándose la olla, tarde o temprano.

El punto es que, ante las quejas de falta de transparencia de los dirigentes, manifestadas por Fillol y el propio número uno de Chile, se agrega el escaso apoyo económico que tienen los deportistas emergentes en el país, sobre todo en el tenis, donde el tema de los recursos es fundamental para poder practicarlo a nivel profesional. Y no hay que ser un genio para darse cuenta de este dilema; basta ver cuántos de los tenistas nacionales que actualmente juegan torneos profesionales, o que alguna vez pintaron como eternas promesas, tienen reales posibilidades para instalarse en la élite de este deporte a nivel mundial. Creo que la respuesta es sencilla: ninguno. Dejando de lado a Massú, González y Capdeville, quizás la única carta nacional sería la juvenil, Camila Silva, quien, para variar, no recibe financiamiento alguno de la federación.

Para concluir, quiero retomar las palabras de “Mano de Piedra”: “Que nunca más los jóvenes promesas tengan que ver sus carreras truncadas por falta de apoyo” y que, ojalá, tanto a nivel político como deportivo, quienes asuman la responsabilidad de encaminar al deporte hacia lo que alguna vez fue, lo hagan con claridad, responsabilidad y transparencia, para que quienes tienen talento, se puedan desarrollar en forma completa y representarnos dignamente en competencias de alto rendimiento.

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