miércoles, 27 de mayo de 2009

En el fútbol, las lucas mandan


Éste miércoles, los ojos de todo el mundo estarán puestos en Roma. ¿Por qué? Se disputa una nueva final de la afamada Liga de Campeones de Europa que, nuevamente, tiene como protagonistas a Manchester United y Barcelona, dos equipos que se enfrentan por primera vez en estas instancias y basan su poderío en sus acaudalados planteles plagados de figuras, sobre todo, en los millonarios contratos publicitarios que reciben cada uno de ellos por concepto de marca y avisos televisivos

De hecho, es muy frecuente que los jugadores firmen contratos por una cantidad nada despreciable de dinero, con multinacionales de indumentaria deportiva que los utiliza como rostros para sus campañas de márketing, como ocurre con Adidas, Nike, Reebok y Puma, por nombrar algunas.

Aunque este negocio se ha vuelto bastante lucrativo para los dueños de estas empresas y clubes deportivos, a veces, las exigencias que se establecen en los contratos de los deportistas llegan a ser tan extremas, que obligan al futbolista a usar determinada marca de ropa, las veinticuatro horas del día, por períodos que podrían ir desde seis meses, hasta varios años.

Pero eso no ocurre sólo con la ropa o el calzado; en el ambiente del marketeo futbolístico, mientras más reconocido y admirado sea el jugador, más provecho se le puede sacar, y así, posicionar la marca en el mercado, sobre todo si dicha figura se acerca al prototipo de hombre sexy y de cara bonita –algo así como un latin lover-, que siempre se viste a la moda. Y en este sentido, tenemos al number one de las fotos y portadas de revistas: el inglés, David Beckham, se ha hecho más conocido por su incursión en lo mediático que por su habilidad con la de cuero, lo que, lamentablemente, le quita seriedad a su trabajo y a su profesión.

Y aunque en Chile tenemos nuestro caso particular, la verdad es que Mauricio Pinilla no tiene todo el glamour que se necesita para tener éxito en estas lides. Porque si hay algo de lo que puede jactarse el fútbol europeo es que sus ligas mueven millones de dólares en sueldos, contratos y exposición mediática, lo que contrasta con la difícil realidad por la que pasan los clubes profesionales chilenos. Sin ir más lejos, el balompié nacional es uno de los pocos que puede darse el lujo de tener a sus dos equipos más importantes como sociedad anónima, debido a la poca sustentabilidad de sus ingresos, lo que dejó hace un par de años, a Colo-Colo y la “U” en la quiebra.

Pero ellos no son las únicas instituciones con problemas económicos: un sinnúmero de clubes de primera, segunda y tercera división han tenido que tomar el camino del lucro para poder mantener en pie el patrimonio de los otrora clubes deportivos fundados por universidades, colonias de inmigrantes u otros ciudadanos organizados. La situación es tan grave, que hasta clubes de primera división han perdido su categoría en varias ocasiones, como le ocurrió en un par de oportunidades a Deportes Concepción, quienes fueron sancionados con el descenso automático por no tener los sueldos del plantel al día.


Así como están las cosas en el fútbol, no nos queda más a los seguidores del deporte más masivo del planeta, que seguir viendo por televisión los maravillosos espectáculos que nos brindan en el viejo continente y en tierras asiáticas, como ocurrió con los últimos Juegos Olímpicos de Beijing, donde la realidad se vio totalmente superada por atletas que corrían por las paredes del estadio, un gigantesco globo terráqueo que apareció desde el centro de la cancha y un recinto con forma de nido de pájaro. Moraleja: en el fútbol, las lucas mandan.

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