
Son escasas las oportunidades que tenemos los hinchas del fútbol para despedir a un ídolo nacional. Mas, si consideramos que son pocos a los que se les puede dar ese título en nuestro país. Lo cierto es que no es para menos lo que ocurrirá, este martes, en el Estadio Nacional: Marcelo Salas, el viejo y querido “Matador”, cierra una nueva etapa de su vida, marcada por la sombra de su lesión a la rodilla y el paso del tiempo que le quita brillo a su luminosa carrera en canchas nacionales e internacionales.
Chile, Argentina e Italia, lugares donde este hijo de la Araucanía demostró todo su talento y capacidad goleadora, reconocen en Marcelo, a un jugador de grandes capacidades, que le entregó todo a las camisetas que, alguna vez, defendió ( U. de Chile, River Plate, Lazio, Juventus y la selección chilena). Además de sus cualidades como jugador, su discreción y lejanía con los micrófonos le permitió mantener su norte claro, sin caer en polémicas ni líos amorosos que turbaran el éxito de su carrera.
Pero lejos de toda la fama y reconocimiento a nivel internacional, sus cimientos los dejó aquí en Chile. Su legado en la “U” y la selección nacional, inmortalizaron su imagen en los miles de fanáticos que lo siguen hasta hoy, y que le agradecen por su liderazgo dentro de la cancha, por ser un referente deportivo para el país que junto a Iván Zamorano y Elías Figueroa, han dejado una huella imborrable en la memoria colectiva de los chilenos.
Es por esto que lo que se sentirá este martes en la cancha del mayor coliseo deportivo del país, probablemente sea el reconocimiento de muchos jugadores, compañeros y amigos cercanos al Matador, que compartieron cancha y camarines con él, o incluso, que entablaron un lazo afectivo importante, también, fuera de la cancha. Para el resto de los aficionados a este deporte, no nos queda más que decir gracias; por todo lo entregado dentro y fuera de la cancha, por ser un referente en Chile y el extranjero, por permitir que las futuras generaciones de futbolistas juveniles se ilusionen con llegar a jugar algún día, en los mismos equipos en que él estuvo, y en definitiva, por hacer del fútbol y sus goles una fiesta de categoría mundial.
Ha llegado la hora de colgar los botines, de firmar con broche de oro su paso por el fútbol grande y de agradecer a todos, compañeros de equipo, dirigentes, entrenadores, familia, amigos y fanáticos en general, que hicieron posible que un grande no se fuera con las manos vacías, sino con todo el respeto y el reconocimiento que un deportista de la talla de Salas, se merece. Hasta siempre Matador.
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