martes, 14 de abril de 2009

David Trezeguet: el regreso del eterno olvidado


Como muchas cosas que nos pueden parecer injustas en la vida, creo que ésta es una de ellas. David Trezeguet, el eterno ariete de la Juventus de Turín, no la ha tenido fácil. Luego de sus buenas campañas en el Mónaco y el fútbol italiano, y de ser figura indiscutida con la Francia de Zidane, Petit y Barthes, inexplicablemente, se convirtió en símbolo de malos augurios, siendo incluso marginado de la selección de su país, en la que brilló con luz propia, a punta de goles.


Y es que por ridículo que parezca, este extraordinario delantero fue catalogado por el técnico galo, en Alemania 2006, como un jugador “de mala suerte”, por ser de signo libra, quedando fuera del certamen mundialista, salvo en la final con Italia –lo del penal pudo ser coincidencia-. Por eso, al ser el primer nombre oficial para jugar en el partido de despedida del ídolo chileno, Marcelo Salas, no dudó en aceptar.


Conocida es la amistad que tiene con el “Matador” desde los tiempos en que jugaban en la “Becchia Signora”, por lo que no se le hizo difícil aceptar la invitación para decirle adiós a uno de los más grandes artilleros del fútbol criollo, el próximo 2 de junio. El cotejo se realizará en el recinto ñuñoíno, pastos que no visitaba desde la despedida de “Bam-bam” Zamorano de la “Roja”, en noviembre de 2001.


Pero si hablamos de injusticias, no sólo Trezeguet ha sufrido los rigores de estar alejado de los “flashes” y las portadas de diarios y revistas deportivas en el mundo. Lo mismo le pasó a Hernán Crespo, quien luego de tocar el cielo con la Fiorentina bajó notablemente su popularidad, tanto así que ahora ni siquiera es llamado a la selección trasandina. Pese a que el francés no tiene una técnica y potencia tan exquisita como la del argentino, su fuerte son los goles y la habilidad para encarar, algo así como un Caszely francés, aunque guardando las proporciones.


Por eso, quizás ésta sea la oportunidad para que Trezeguet demuestre en cancha todo lo que sabe con el balón en los pies. Tal vez sea una especie de revancha para atraer a la prensa, a los hinchas y a algún inescrupuloso que insiste en tachar de “yeta” al astro campeón del mundo y de Europa en 1998 y 2000. Como dicen por ahí, “hasta los más grandes tropiezan”.

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