
Ayer se realizó una nueva versión de la ya tradicional, Maratón de Santiago, que en cifra récord, reunió a 22 mil personas que corrieron por las calles capitalinas, en sus diversas disciplinas. Contra todo cálculo, por optimista que así fuera, el número de adeptos que se dio cita en la brega, sobrepasó la marca de los 16 mil corredores inscritos el año pasado, lo que confirma que este evento se ha convertido en la excusa perfecta para salir de casa y disfrutar de una mañana de entretención con la familia.
La prueba mayor, la maratón de los 42 kilómetros, tuvo de dulce y agraz para los chilenos: en varones el triunfo fue para la delegación keniata que, liderada por los atletas, George Oguora y Peter Mwangi, se adjudicaron la prueba, relegando al cuarto puesto al chileno, Roberto Echeverría; mientras que en damas la suerte fue distinta, ya que el podio fue compartido por Erika Olivera en primer lugar, seguida por las también chilenas, Clara Morales y Natalia Romero, en el segundo y tercer lugar.
Ante todo, las autoridades se mostraron satisfechas por la buena realización que tuvo el evento, siendo el intendente metropolitano, Igor Garáfulic, quien repartió elogios: "se ha trabajado muy duro para lograr que este Maratón sea un éxito. Nos podemos dar el lujo de mostrar una hermosa cara de Santiago y así otorgar confianza hacia el exterior".
Como se puede apreciar y, pese a las hermosas y "políticamente correctas" palabras del señor intendente, me permito poner en duda la cita anterior. En primer lugar, volvemos a los típicos discursos preparados que lanza el gobierno como volador de luces para desviar la atención de temas ciudadanos tan importantes como, por ejemplo, el medioambiente.
Por si no lo ha notado señor ministro, mientras ayer, corrían por Santiago cerca de 22 mil deportistas, la calidad del aire seguía siendo tan pésima como de costumbre, lo cual a todas luces, y por el contrario a lo que usted comentaba, no mostraba una cara muy hermosa de la capital, y menos algo de lo que uno pudiera sentirse orgulloso para jactarse con sus países vecinos.
Desde hace años que Santiago se ha convertido en uno de los puntos de contaminación más fuertes de Latinoamérica, siendo actualmente, una de las capitales más contaminadas del mundo. Pese a las alarmantes cifras, las autoridades insisten en hacer la vista gorda a un problema que, a simple vista, parece sin solución.
La gruesa capa de smog que invade a los capitalinos ha sido monitoreada desde hace 20 años por el Plan de Prevención y Descontaminación Ambiental impulsado por la CONAMA, para controlar los niveles de flujo de partículas contaminantes que se mantienen suspendidas por todo Santiago. Pese a estas medidas de “prevención”, hasta la fecha, los resultados no han sido muy alentadores y la masa gris tóxica sigue creciendo.
Uno podría pensar en el por qué de esta situación. Si llevamos dos décadas de monitoreo de la contaminación en la región metropolitana, resulta un tanto inexplicable que el problema no tenga aún, a lo menos, una leve mejoría, sino que seguimos escuchando las mismas excusas y soluciones parche de parte de nuestras autoridades que aún no le dan prioridad a un problema que, hace rato, se les escapó de las manos.
También resulta preocupante, si nos damos cuenta que las 22 mil personas que corrieron la maratón ayer, entre ellas ancianos, madres, niños pequeños y jóvenes deportistas, lo hicieron bajo la constante capa gris que cubre por completo la ciudad, lo que bien, podría ocasionar serios problemas de salud a quienes tuvieron la mala ocurrencia de salir a hacer una actividad tan saludable como, se supone, es el deporte.
¿Hasta cuándo dejaremos de engañarnos y comenzaremos a pensar como gente grande y consciente de los problemas que nos afectan directamente? ¿Cuándo será el día en que el gobierno se preocupe de manera seria por la contaminación y no lo vea como un tema a largo plazo o que requiera de un absurdo y poco elaborado plan de prevención?
Para qué nos seguimos engañando. El problema de la contaminación en Santiago, así como en otras ciudades del país, como Temuco y Concepción, ya están tomando ribetes críticos. Desgraciadamente, al parecer –y como en Chile siempre ocurre-, estamos esperando tener un número considerable de muertes por culpa de la mala calidad del aire y que nuestro sistema de Salud colapse para, recién, reaccionar. ¿Por qué en vez de decretar emergencias y pre-emergencias cuando llegamos al borde de lo irrespirable, no creamos consciencia en la gente con campañas efectivas y multas duras para quienes no respeten la norma medioambiental? ¿No sería mejor disminuir la cantidad de industrias –aumentando, también las multas- y los índices de contaminación aceptables por ley que apagar luces y desconectar los artefactos eléctricos?
No debe ser agradable que, en un futuro cercano, la gente no pueda salir a la calle a jugar a la pelota, a practicar skate o subir el cerro en bicicleta porque la gruesa capa de smog no lo permite. Ojalá que los señores presidenciables –sobre todo en año electoral- consideren a la contaminación como tema de sus propuestas y dejen de pelear por unos cuantos votos más o menos; al fin y al cabo, la salud de todos está en juego.
Queremos seguir disfrutando de eventos deportivos al aire libre, queremos que en el país las empresas sigan invirtiendo en más maratones así como lo hacen Líder, Nike, Adidas y Reebok, pero por sobre todo, queremos que así como se trabaja duro para organizar un evento deportivo de masas, se emplee el mismo esfuerzo de las autoridades para que dicha actividad se realice con la total garantía de que nuestra salud no está en peligro.
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