
Durante la última semana se cuestionó mucho la disposición de algunos jugadores de Colo-Colo para someterse a la dirección de Marcelo Barticciotto. Se hablaba de que, supuestamente, un sector del plantel popular –entre ellos los marginados Gonzalo Jara, “Kalule” Meléndez y Miguel Riffo- se estarían confabulando en contra del DT e ídolo albo para conseguir su salida del club, debido a lo poco permisivo de su carácter y su, cada vez más distante relación con sus pupilos y los altos mandos del club.
Tanto es así, que ni siquiera los dirigentes fueron capaces de llegar a un acuerdo con el ex 7 de Pedreros, ante las denuncias de confabulación e indisciplina al interior del camarín, gritadas a los cuatro vientos por el propio Barticciotto; por el contrario a lo que hubiese ocurrido en una organización seria, la teleserie termina con la renuncia del técnico ante la desaprobación de miles de hinchas que sí reconocían el trabajo y dedicación de un ídolo del club, lo que sólo demuestra el peso que tienen algunos jugadores en el club –así como el temor que tienen los dirigentes a sacar o sancionar a ciertas figuras del primer equipo-, que se dan el lujo de cortarle la cabeza a un técnico sin recibir ni la más mínima medida correctiva de los mandamases del cuadro colocolino.
Pero, fuera del análisis de si la culpa la tuvo fulano o sutano, o si los jugadores tomaban y fumaban en los camarines, es importante analizar a la figura de Marcelo Barticciotto: un hombre cien por ciento profesional, dedicado al club de sus amores y que, sin embargo, en su corta carrera como entrenador, ha demostrado tener cierta intolerancia a los liderazgos fuertes que entran a competir o que ponen en peligro la continuidad de su cargo.
Recordemos lo que pasó cuando dirigía a U. de Concepción. Luego de llegar a la final del Clausura 2007, y de comandar hasta ese momento, la mejor actuación del club penquista en un torneo nacional, se enfrasca en una serie de disputas con los jugadores y dirigentes del campanil, lo que termina con su salida del club. Curiosamente, al poco tiempo de haber renunciado, firma contrato con los albos. Lo mismo ocurrió ahora; al mando del mismo plantel con el que consiguió su último título el cacique: no pudo contener su armonía y se agitaron las aguas de manera casi estrepitosa, por lo que a simple vista, el problema no eran los jugadores.
Puede que a Barticciotto le complique que los jugadores adquieran más confianza de la que debieran, o que luego de un logro importante como ocurrió en Colo-Colo y la U penquista, parte del plantel asuma un cierto liderazgo que lo obligue a reconsiderar su relación y trato con el equipo, lo que da a entender que, en ese aspecto, hay mucho que mejorar.
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